Debemos reconocer que hemos sufrido en las últimas décadas una
progresiva desarticulación de la capacidad de nuestros dirigentes políticos
para conducir políticamente, dentro de la Constitución, al país. Esto sucedió
con la participación activa (por acción, y, por omisión) de todos los partidos
políticos, de los empresarios y de los sindicatos, sin excepción. También contribuyó
la apatía de la ciudadanía.
Pero también es verdad que esa desarticulación no se invierte a
fuerza de repetir el diagnóstico, de menospreciar a la burocracia estatal o de
intentar reemplazarla por un conjunto de individuos con pretensiones mesiánicas.
Hablando no se resuelve el tema. Es necesario proceder, siempre dentro de la Constitución.
El desinterés por la gestión pública estratégica y competente de
los partidos políticos, se paga inexorablemente con un deterioro de la calidad
de vida de toda la comunidad.
La incompetencia para desempeñar los distintos cargos
públicos afecta a todos por igual, a la provisión de bienes y servicios, y a veces
también, hasta con víctimas inocentes (Tragedia ferroviaria de Once, inundaciones
en La Plata, falta de petróleo nacional, disminución del comercio exterior, inflación,
poca calidad de la educación, etc.). La incompetencia es muy cara, y disimula
la corrupción.
Ningún diagnóstico por sí solo soluciona a los problemas. Es
necesario pasar a la acción eficaz y constructiva. Esto es posible solamente
mediante el valor espiritual que albergue el corazón y el espíritu de cada uno
de los argentinos. Todo ello debe estar reunido en partidos políticos de
verdad, sin ideologías extrañas ni extranjerizantes, para que sepan ver nuestra
realidad.
En las últimas décadas se nos habla siempre de los “intereses partidarios”
o personales, y queda fuera de sus visiones y discusiones el Bien Común, objeto
de la política.
Se logra simplemente cumpliendo lo determinado en la Constitución Nacional
que es nuestra carta y nuestro compromiso de Libertad, de Democracia y de
República. Eso se llama Patriotismo ciudadano. Eso es civismo de calidad. Lo
demás son charlatanerías sin idoneidad.
No serán las últimas víctimas ni los últimos corruptos vistos si
no cambiamos, y ello sólo es posible si los Partidos Políticos nos enseñan y
conducen hacia el cambio.
¡Basta de lo mismo de siempre: cambiar algo para que nada cambie! Debemos cambiar en serio. No más de lo mismo. En la crisis del
2001 se pidió: “¡Que se vayan todos!”. Pero todos cambiaron de puestos o de
partidos, y quedaron los mismos hasta hoy.
Para ello es necesario comenzar CAMBIANDO A LA GENTE
QUE HACE LA POLÍTICA y al mismo tiempo CAMBIAR LA FORMA DE HACER LA POLÍTICA, AGREGANDO LA ÉTICA.
Mantener tontamente una ideología partidaria, y no saber ver la
realidad cotidiana, no solamente es simple soberbia, sino FALTA DE IDONEIDAD que hace fracasar los mejores deseos de
mejorar el liderazgo político para conducir a la comunidad. La Incompetencia y
la Soberbia normalmente corrompen a los ejecutores de los partidos en todas las
épocas (ver en la Historia
universal y argentina).
CRUX ONG manifiesta
públicamente que: Queremos héroes cívicos, NO
queremos masas (al revés de lo sostenido por el nazismo, el marxismo y el
fascismo).
En CRUX ONG no somos ultra conservadores, pero nos declaramos
decididamente innovadores de centro en todos los órdenes para perfeccionar nuestra
democracia, con ética y con principios.
Con ese motivo publicamos nuestras ideas, mostrando un criterio desapasionado
y poder contribuir en la búsqueda del Bien Común que nos convoca a todos por
igual. Sin ideologías y siguiendo exclusivamente los principios determinados en
la Constitución
Nacional. Nada por sobre ella, ni nada sin ella.
JULIO P.LOBATO
Presidente CRUX ONG
GUSTAVO DE BIANCHETTI
Ing Secretario CRUX ONG